martes, 5 de febrero de 2008

Corriendo


Son las 11:30 AM, llevo ya cinco horas en la oficina, puedo escuchar el zumbido de las balastras que me bañan con su luz blanca, el silencio se rompe con el sonido de teclados, la cafetera bufa, está prendida y sin agua.

Necesito moverme: aire, luz natural, a lo lejos se escuchan los pájaros que amanecieron en los àrboles y siguen ahí : tranquilos, trinando quién sabe porqué.

Me viene una ráfaga, ¡Me quiero ir! Comienzo a escribir mis últimas notas super velozmente, tengo 15 minutos para estar fuera de aquí.

11:49 y ya me abroché el cinturón: el motor del coche gritando junto a muchos otros, en katarsis colectiva.

Pongo música: algo de jazz, respiro profundo, siento el sol sobre mi piel, vuelvo a disfrutar el día.

Conforme avanzamos sobre Reforma, la gente va cambiando: las minifaldas justas de Insurgentes se transforman en faldas elegantes en Palmas, las personas se ven menos preocupadas, parecen tener las vidas resueltas.

Caminan entre las calles como si flotaran, me gusta verlos y me siento aún mejor, me desintoxican la vista.

Vamos entrando al Bosque de Chapultepec; Entre las casas, a lo lejos ya lo veo: ahí está la pista del Sope.

Me emociono, me quito los pants y la sudadera, estoy lista.

Estiro un poco las piernas, un grupo de corredores me observa, parecen haber venido cada día durante los últimos…¿20?, ¿40 años?... no se, seguro muchos.

Estoy preparada, pongo mi cronómetro en ceros y …¡go!. Los primeros trayectos son en pendiente, los siento suaves, amables, luego en plano voy agitándome cada vez más y, de pronto llegan las subidas, siento mi pulso al máximo, mis pantorrilas duelen, pero yo sigo.

Una vuelta más y, al llegar a la cuesta se que realmente estoy dando el 100, me faltan 300 metros para los 3 kilómetros y mi boca está completamente seca.

Un poco más…más..resisto.

¡Listo! Voy bajando mi pulso mientras camino y agradezco el día.

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