miércoles, 28 de enero de 2009

viernes, 29 de febrero de 2008

Un día más con vida, de Riszard Kapuscinsky

Riszard Kapuscinsky ve a la humanidad como algo complejo, lleno de aristas que se encarga de explorar y mostrar, retratar desde lo más íntimo. En Un día más con vida, el periodista aborda el tema de la guerra, situación en la cual el ser humano puede llegar a extremos que resultarían impensables bajo condiciones distintas.

Angola es un país que ha viajado casi competo más de una vez, ya cuando la esclavitud exportó a la mitad de la población, ya cuando la guerra hizo que el 95% de los ciudadanos emigraran. Kapuscinsky nos muestra a detalle la guerra de liberación de un país grande tanto en territorio como en pobreza.

Las guerras de liberación no son tan simples como la fórmula oprimidos vs opresores= conflicto + lucha = libertad, si estas tardan tanto tiempo en prepararse y consumarse es por la gran cantidad de pleitos intestinos en ambos bandos, no se puede polarizar de forma romántica en buenos contra malos.

Kapuscinsky nos lleva de la mano a este país que está a punto de la guerra, nos muestra como se va vaciando y nos presta sus ojos y su corazón para ver y sentir como los involucrados. Se filtra en grupos de todo tipo e inclinación y, de manera neutral, nos muestra lo que cada persona tiene que aportar a la visión integral de un fenómeno tan vasto.

A través de historias individuales tocadas de forma muy humana, vamos entendiendo la anatomía del conflicto, Kapuscinsky deja de lado la comodidad o la seguridad propias para involucrarse al máximo en la situación, como un observador que vive junto a los protagonistas privaciones y dramas personales, situaciones extremas que reflexiona y absorbe con los cinco sentidos.

Un día más con vida es un título dicho desde su persona, desde todas las personas con las que compartió la angustia de no saber si este sería el último de sus días en el mundo, el saberse indefenso y continuar allí por pasión periodística, por necesidad de conocer y transmitir a profundidad una situación social política determinada.

El libro es una crónica que jamás llega a resultar tediosa, nos mantiene en suspenso tal como lo haría una novela, la incertidumbre del futuro es muy real y se mezcla perfectamente con elementos literarios que dan al texto belleza y un aire ligero en momentos que pudieran resultar demasiado duros para el lector.

Aparte, Kapuscinsky se ocupó de hablar en un sentido universal que hace que yo, una mexicana que no tenía idea de la situación de Angola, quede atrapada no sólo por la riqueza de situaciones de profunda humanidad, sino también por todos los elementos que, a manera de contexto, el periodista va entretejiendo y a mi me permiten sentir cierta cercanía, ahora entiendo que cualquier moreno mexicano pudiera tener ascendencia angoleña, por ejemplo.

Otro recurso es el brincar de un narrado a otro en primera persona, lo que me da una visión mas rica de lo que se me va contando, como si varias personas me dieran su versión propia.

Muy al estilo de La Peste, de Albert Camus, Kapuscinsky va narrando a manera de diario la decadencia de un país entero, a través de los malos olores, las ratas, la basura, los perros que se fueron y las cajas que transportan a una ciudad entera, puedo darme una imagen paulatina de la desolación y drama que va creciendo cada vez más.

Un dato curioso es el apoyo que Estados Unidos, a través de la Iglesia protestante da a la guerra de liberación, paradójico si pensamos la posición que tiene la población negra estadounidense.

Al final queda claro que la guerra no sólo deja huellas en los que la vivieron, marca a pueblos, a generaciones enteras de habitantes de un país que jamás volverán a ver las cosas desde la misma perspectiva.
Y de Kapuscinsky un ejemplo del periodismo comprometido, que va al lugar, no deja que alguien más le traiga informes, habla con la gente, vive con ellos, sufre y goza a la par y, solo así, logra transmitir un problema político desde un ángulo completamente humano

Descripción de una foto

En la foto aparece una chica de unos 17 años que turistea en Río de Janeiro, Brasil y está parada en lo alto de un mirador, desde el cual es posible observar toda la zona hotelera, que está pegada a la playa. La costa bajo sus ojos se ve borrosa, pero se puede distinguir que está trazada de forma ondulada, con una pequeña saliente continental a la izquierda. Entre los hoteles que se ven abajo, el más grande tiene una piscina en la azotea, que ocupa más de la mitad de su area y se ve como un cubito azul desde lo alto.

No muy separados de la costa, entre el mar se pueden ver dos islotes alargados, el más cercano está casi cubierto de edificios y el otro, más grande y alejado, tiene solo unas pocas construcciones en un extremo.

El cielo está despejado, se observa a la izquierda debajo de la estampa una pequeñísima formación de nubes.

La chica tiene las manos apoyadas en una barda ancha de piedra que le llega a la altura de la cadera, su piel es muy blanca con poco bronceado y se ve limpia, lisa. Se puede ver su costado derecho y su espalda, su imagen llena (desde sus muslos hasta su cabeza) todo el largo de la foto. Tiene la cabeza volteada hacia la derecha para sonreír al fotógrafo, con la barbilla ligeramente inclinada hacia abajo.

Su cabello es castaño oscuro, es poco y delgado y lo tiene sujetado en un chongo arriba de la nuca. Alrededor de su cabeza tiene atada una ancha banda de tela estampada en flores de color rojo, blanco, azul claro y azul marino y tiene al frente un monograma con dos letras “C” cruzadas, logotipo de la marca Channel, la banda logra cubrir más de la mitad de su amplia frente.

Sus ojos están cubiertos por unos lentes oscuros color ámbar, entre las micas se logra vislumbrar una mirada que también sonríe. La nariz es más larga que ancha y los labios delgados, cubiertos de brillo en color rosa pálido.
Al sonreír, sus comisuras forman dos pliegues y estos resaltan los pómulos de un rostro delgado y largo.

Está vestida toda de blanco, con unos shorts muy cortos y un poco holgados, de mezclilla, que apenas tapan la parte alta de sus muslos. La blusa es muy amplia, con mangas grandes que caen un poco más arriba del codo, tiene un botón al frente ,que está desabrochado.

La chica es muy delgada y larga, sus brazos esbeltos se ven dorados por el sol y, de su brazo derecho cuelgan dos pulseras de oro de aproximadamente un centímetro de grueso y un buen tanto más anchas que su delgadísima muñeca. De un extremo de las pulseras cuelgan un par de dijes con incrustaciones en una piedra color turquesa.

De el hombro derecho de la joven, cuelga una bolsa informal, holgada, de estilo bohemio estampada con rayas marineras en azul y blanco. Al frente de la bolsa hay dos compartimentos externos, hechos de tela con rayado más cerrado y que son atravesadas por un par de cinturones en cuero azul marino y coronadas por dos hebillas de metal dorado.

El forro interior de la bolsa es de tela en color azul marino estampada con mariposas blancas de trazos sencillos. Colgado del asa derecha del bolso se ve un llavero con una gruesa flor de metal color oro.

En general, la expresión corporal de esta mujer habla de bienestar y tranquilidad, una sombra cae sobre su nariz y su cuello pero es muy tenue y no logra opacarla.

martes, 5 de febrero de 2008

Corriendo


Son las 11:30 AM, llevo ya cinco horas en la oficina, puedo escuchar el zumbido de las balastras que me bañan con su luz blanca, el silencio se rompe con el sonido de teclados, la cafetera bufa, está prendida y sin agua.

Necesito moverme: aire, luz natural, a lo lejos se escuchan los pájaros que amanecieron en los àrboles y siguen ahí : tranquilos, trinando quién sabe porqué.

Me viene una ráfaga, ¡Me quiero ir! Comienzo a escribir mis últimas notas super velozmente, tengo 15 minutos para estar fuera de aquí.

11:49 y ya me abroché el cinturón: el motor del coche gritando junto a muchos otros, en katarsis colectiva.

Pongo música: algo de jazz, respiro profundo, siento el sol sobre mi piel, vuelvo a disfrutar el día.

Conforme avanzamos sobre Reforma, la gente va cambiando: las minifaldas justas de Insurgentes se transforman en faldas elegantes en Palmas, las personas se ven menos preocupadas, parecen tener las vidas resueltas.

Caminan entre las calles como si flotaran, me gusta verlos y me siento aún mejor, me desintoxican la vista.

Vamos entrando al Bosque de Chapultepec; Entre las casas, a lo lejos ya lo veo: ahí está la pista del Sope.

Me emociono, me quito los pants y la sudadera, estoy lista.

Estiro un poco las piernas, un grupo de corredores me observa, parecen haber venido cada día durante los últimos…¿20?, ¿40 años?... no se, seguro muchos.

Estoy preparada, pongo mi cronómetro en ceros y …¡go!. Los primeros trayectos son en pendiente, los siento suaves, amables, luego en plano voy agitándome cada vez más y, de pronto llegan las subidas, siento mi pulso al máximo, mis pantorrilas duelen, pero yo sigo.

Una vuelta más y, al llegar a la cuesta se que realmente estoy dando el 100, me faltan 300 metros para los 3 kilómetros y mi boca está completamente seca.

Un poco más…más..resisto.

¡Listo! Voy bajando mi pulso mientras camino y agradezco el día.